Por: Marcos Freites
UNO
En los pensamientos de Fátima hay una casa , personas que pasan sin hablarle, y aquellos lagartos de piel rugosa que despiertan con el primer ardor del sol. Ha escuchado decir a su padre que los lagratos son los heraldos de ese páramo que se extiende en forma de explanada tras la cortina de álamos.
No hay nadie en la casa que no sepa de la existencia de los lagartos. Su presencia antecede a la invención de dios.
Ahora los días son largos y cuesta bastante llenarlos de pensamientos. La primera vez que vinimos a Las Lajas , las sombras eran pequeñas y obesas, sombras rastreras, dijo ella, tal vez un poco más oscuras que en estos días donde han comenzado a alargarse.
Ayer desde esta cama donde con los ojos entreabiertos flotamos, vimos una manada de caballos blancosa travesar el camino polvoriento que se dirige al pueblo. Como en un sueño oímos el estrépito de sus cascos retemblar en la siesta infinita.
DOS
Es el comienzo de la primavera y un enjambre de insectos acosa las jarillas floridas.Fátima distingue entre los demás lagartos un eslizón bicefalo de ojos resplandecientes. Es una ño particularmente seco donde han ardido todos los campos, y en cada caminata no ha dejado de ver cadaveres de vacas calcinadas, corderos con malformaciones, fetos resecos picoteados por los jotes.
El eslizón llego al lagartal huyendo de las llamas. A diferencia de los otros lagartos tiene la piel húmeda y las escamas en la cola ostentan un rojo intenso. La espía a Fátima con ojos voraces luego inicia una leve carrera hasta el cúmulo de tierra que rodea su refugio.
Eslizón, eslizón, repite con voz entrecortada la niña. A sus espaldas un sol gigantesco cae emitiendo llamaraas blancas.
TRES
Las lágrimas del lagarto crecieron en la cabeza de Fátima que comenzaba a desnudar la muerte blanca. Un dedo primero, luego el otro con mucha paciencia y al fin los tres para rozar el borde de su abismo, para acariciar el centro de la azucena. Absorta, se quitó el sostén y sin temor se observó los pechos teñidos de un color sepia. Dentro del lagartal no quedaban chillidos. El viento de medianoche se había llevado todo. La lluvia llegó después y terminó por derrumbar el refugio. Fátima cubrió la tersura de su piel con gotas frías y al descubrir entre la penumbra la grieta emitió un alarido que por un largo rato resonó en todos los cuartos vacíos. El eslizón golpeó su ventana tratando de entrar, mientras unos ojos perversos lo observaban todo desde la grieta. Fátima supo que había llegado con el poder de lo real, el momento en que su única existencia posible concluiría en el reflejo brumoso del único lagarto que sobrevivió. Debía dormirse para alcanzar el vuelo con el primer soplo del alba.
Fotografía: Flavia Da Rin
UNO
En los pensamientos de Fátima hay una casa , personas que pasan sin hablarle, y aquellos lagartos de piel rugosa que despiertan con el primer ardor del sol. Ha escuchado decir a su padre que los lagratos son los heraldos de ese páramo que se extiende en forma de explanada tras la cortina de álamos.
No hay nadie en la casa que no sepa de la existencia de los lagartos. Su presencia antecede a la invención de dios.
Ahora los días son largos y cuesta bastante llenarlos de pensamientos. La primera vez que vinimos a Las Lajas , las sombras eran pequeñas y obesas, sombras rastreras, dijo ella, tal vez un poco más oscuras que en estos días donde han comenzado a alargarse.
Ayer desde esta cama donde con los ojos entreabiertos flotamos, vimos una manada de caballos blancosa travesar el camino polvoriento que se dirige al pueblo. Como en un sueño oímos el estrépito de sus cascos retemblar en la siesta infinita.
DOS
Es el comienzo de la primavera y un enjambre de insectos acosa las jarillas floridas.Fátima distingue entre los demás lagartos un eslizón bicefalo de ojos resplandecientes. Es una ño particularmente seco donde han ardido todos los campos, y en cada caminata no ha dejado de ver cadaveres de vacas calcinadas, corderos con malformaciones, fetos resecos picoteados por los jotes.
El eslizón llego al lagartal huyendo de las llamas. A diferencia de los otros lagartos tiene la piel húmeda y las escamas en la cola ostentan un rojo intenso. La espía a Fátima con ojos voraces luego inicia una leve carrera hasta el cúmulo de tierra que rodea su refugio.
Eslizón, eslizón, repite con voz entrecortada la niña. A sus espaldas un sol gigantesco cae emitiendo llamaraas blancas.
TRES
Las lágrimas del lagarto crecieron en la cabeza de Fátima que comenzaba a desnudar la muerte blanca. Un dedo primero, luego el otro con mucha paciencia y al fin los tres para rozar el borde de su abismo, para acariciar el centro de la azucena. Absorta, se quitó el sostén y sin temor se observó los pechos teñidos de un color sepia. Dentro del lagartal no quedaban chillidos. El viento de medianoche se había llevado todo. La lluvia llegó después y terminó por derrumbar el refugio. Fátima cubrió la tersura de su piel con gotas frías y al descubrir entre la penumbra la grieta emitió un alarido que por un largo rato resonó en todos los cuartos vacíos. El eslizón golpeó su ventana tratando de entrar, mientras unos ojos perversos lo observaban todo desde la grieta. Fátima supo que había llegado con el poder de lo real, el momento en que su única existencia posible concluiría en el reflejo brumoso del único lagarto que sobrevivió. Debía dormirse para alcanzar el vuelo con el primer soplo del alba.
Fotografía: Flavia Da Rin









