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martes, 25 de marzo de 2014

APUNTES PARA ENCONTRAR LA SOMBRA QUE SE EXTRAVIÓ O DIARIO DE UN SOLITARIO QUE BUSCA COMPAÑÍA Y LA ENCUENTRA AL FINAL DEL DÍA

Por Marcos Freites
viernes
a veces ocurre así, no recuerdo la primera parte del sueño, luego me encuentro en una oficina y por la forma en que me lo dicen pienso que está todo bien, pero dos segundos después, me doy cuenta que no es verdad. ahí está el hombre de los anteojos cuadrados dispuesto a decirme que todo ha sido un error, ya sabés, muchacho, cuando llegaste pensé que había alguna vacante, hasta pensé en un arrebato de optimismo que vos podrías hacer un buen trabajo, pero no te preocupés, va a haber otra oportunidad, cada tanto se necesita gente que escriba, sos joven, y eso te permite esperar… mientras el tipo de anteojos habla sin dejar de mascar un chicle de frambuesa pienso en todo el camino que he hecho hasta llegar al primer piso de esta torre de cristal, donde una secretaria anoréxica le ceba mate a un ex-futbolista que repite a cada rato las palabras management, merchadansing, y le mira de reojo las tetas a una rubia que escribe con letra ilegible unas notas en el margen inferior del cuaderno… le digo, está bien, me avisa si necesitan alguien que escriba… él me mira, atrapa un pensamiento y dice, no te preocupés, muchacho; pero por favor, dejá de lado esas inclinaciones poéticas, aquí trabajamos con la realidad lo único que existe, todo eso de la poesía es para minas incogibles, me entendés… no sé por qué al salir pienso en vos, mientras espero un colectivo que no llega nunca.. tengo ganas de que estés acá y nos tiremos a escuchar wilco en el sillón y no pensemos durante una semana que hay que buscar trabajo, que tenemos que rendir 15 materias, que estamos corriendo contra los pronósticos.
sábado
 el melena, un amigo que se quedó atrapado en los noventa, acaba de pelearse con la madre de sus tres hijos y me pide que le ayude a hacer la mudanza. llovizna lentamente y las cajas con libros de la segunda guerra comienzan a  humedecerse. el melena sube y baja trayendo cajas. algunas veces discute con la mujer por la pertenencia de un libro, de una taza, y tras una larga negociación baja. yo no me atrevo a subir, saludo desde la calle a la mujer que parece estar con un montón de pastillas encimas y apilo las cajas a un costado de la vereda. después de un buen rato llega una fiorino, cargamos las cosas y avanzamos por una calle estrecha de tierra, con perros hambrientos que se cruzan y casas cuyas cercas están hechas de tarimas. el tipo que conduce la camioneta, un cuarentón con la barba mal rasurada intenta decir algo, algo así cómo esto pasa, no hay quién pueda escaparle, pero calla. entonces sube el volumen de la radio, suena por mirarte de calamaro, lo escuchamos en silencio hasta que salimos a la avenida y la canción es interrumpida por un aviso publicitario.
domingo
hace mucho que no me masturbaba los domingo a la mañana, lo hice pensando en una foto en la que aparecés al lado de la pileta, es extraño, en la toma hay un raro erotismo, que parece congelado por el fragor del verano, una especie de lujuria contenida que extiende su magnetismo hacia el presente. si hubiese llevado una estadística cuidadosa, seguro que los domingos son los días en los que más me he masturbado. hubo una época en la adolescencia donde los domingos eran todos iguales, me encerraba  a tomar vino, escribir y escuchar flema. todas esas actividades estaban interrumpidas por rápidas masturbaciones. después salí con una jugadora de hockey que estaba fuera de casa todo el domingo, alquilábamos una casa en un barrio donde la mayoría de la gente eran ancianos y cuando volvía a la noche no tenía ganas de coger, y eso me amargaba demasiado. Estoy tan cansada , lindo, decía. entonces un domingo tras tanta insistencia decidió masturbarme y lo hizo de una manera tan rítmica, hasta puedo asegurar que algún momento hizo un pequeño scat, a partir de entonces se convirtió en un ritual, hasta que me dejó por su entrenador, un tipo musculoso con pinta de peluquero.
lunes
tuve la sensación de que alguien se quedó dormido a mi lado. algo pequeño como un perro o un gato. me desperté cubierto de transpiración con la ilusión de que estuvieras en la casa. pensé que en un arrebato te viniste y encontraste la puerta sin llave. entonces me viste durmiendo y no quisiste despertarme. te pusiste a mirar tele o preparar café o estudiar para teoría literaria. pero no hay nadie en la casa. trato de ponerle onda, preparo el café, plancho la camisa y me miró al espejo, toreándome, como diciéndole a mi reflejo, vamos maricón, no te me vengas abajo, ahora es cuando más te necesito. pero no hay caso, el entusiasmo no responde. tenés que estar vos, nena, para que esto garpe. pero parece que de aguiar e silva te tiene complicada. supongo que si nos dieran permiso nos meteríamos en la cama a leer todas esas fotocopias y yo te convencería que es preferible leer bioy casares que cortázar.
martes
mejor y con ganas.  a la vuelta de casa hay un colectivo sin ruedas, parece que se las robaron. me contaron que hay una chica poseída en los monoblock a la vuelta de la casa, un montón de gente se ha reunido. vinieron unos curas, traían grandes crucifijos y arrojaban agua bendita por todos lados. hubo una época en que tres de cada cinco conocidos asistía a sesiones de espiritismo, querían hablar con espíritus de familiares muertos. después, los acosaba la paranoia, oían pasos, muebles que se movían en mitad de la noche, rostros nebulosos que aparecían de improvisto en la oscuridad.  los escuchaba, ajeno a todo, por esos días mis únicas preocupaciones eran masturbarme, drogarme y fumar, fumar, mientras escuchaba una y otra vez discos de jazz.
miércoles

parece que van a continuar las lluvias. tengo la impresión de que esta vez si nos vamos a encontrar. voy a llegar con el polvo de los caminos en los zapatos, y esta sonrisa rota que ya no puede fingir estas ganas enfermas de meterte en la cama y hacerte el amor como un animal. mientras tanto la tele sigue emitiendo imágenes de los restos del avión desaparecido, y una gran mancha de humedad va cubriendo toda la pared.



domingo, 23 de septiembre de 2012

PARA HUIR GRITANDO Y OTROS POEMAS


                                                Por  Ayelen Pilmayken 
PARA HUIR GRITANDO

Mi piel acaricia el borde de tu nombre.
Absorbe las partículas inertes
que exhala tu boca al jadear
y como una viajera desorientada
me condeno al ritual de tus brazos
que pulsan mis piernas como remos
en la absolución del amanecer.

Cuento las astillas de un cuerpo
que desintegra al abrazarte
y arrojo a la cama la urgencia
de estos muslos  que enmudecen
como mariposas rotas del deseo.

Estoy hecha de interrupciones,
de transparencias
que te niegas a habitar.


 ASUNTOS DE TRABAJO

Discutíamos asuntos de trabajo
es prudente conservar la elegancia
mantener la prudencia
después de todo, esto no es más
que un breve descanso, un respiro
que tomo, en mitad del recorrido.

Todo es tan extraño en estos días
si consideramos la situación
y de una manera casi neutral
la sopesamos, fríamente
como quién deshoja margaritas
curvadas por la última nieve.

Discutíamos la situación con franqueza
decidíamos con precaución
cuando de pronto, vos,
si vos, el que se había empeñado
en neutralizar todos mis embates,
te hundiste en mí, sin piedad.

Nos quedamos un rato sin decir nada
después hicimos unas llamadas
enviamos algunos mensajes
para dar cuenta de nuestra existencia
e hicimos de cuenta que no,
no había sucedido nada.

 INTERRUPCIONES

Vos, que podías ver el porvenir
a través del ojo de la cerradura
y te negabas a mirarme
al final te decidiste
y con una mueca me señalaste
hasta dónde querías llegar,
lo hiciste sin vacilar, sin dudar
como en los malos poemas
y yo que vivo en agonía
te miré sorprendida,
incapaz de ser cómplice
de todo este convencimiento repentino.

DE MIL FLORES A ESTA PARTE

Arrecife de flores artificiales
un sonajero
temblando en la profundidad
al que sólo llegan los esfuerzos
cuando separamos pliegues
y los días ya no llevan espumas
y la noche se empeña
en anunciar temporal.

LA ESPERA DEL COLIBRÍ

El colibrí se asoma insistente
en el vórtice del adiós inconcluso
cuando el día se ha disuelto
y yo me quedo esperando palabras
que el viento no ha de traer
y  vuelvo a mirar tus fotos
como si intentara develar algo,
algo que no permitiste considerar,
cuando baje la guardia
y dejé que me golpearas
con la violencia que acostumbras.

Ayelen Pilmayken . Nació en Divisadero,  en 1992.

jueves, 22 de marzo de 2012

EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA

 Por: Freites
siempre construíamos casas
                    desde que éramos niños hacíamos casitas
en los pastizales que se prendían fuego
             en los agujeros que dejaban las palas excavadoras
siempre levantábamos casas
               lejos de la vista de los adultos
y convencíamos a nuestras hermanas
                                             -pobres ellas, tan virginales, tan inocentes-
las convencíamos de que vinieran a jugar
y éramos el melena, mi hermana, yo y la hermana del melena
y a veces venía el puto del barrio
               que se encargaba de decorar las casitas
donde latía el pavor de una infancia en fuga
donde se vertían deseos en forma de puntales
            y había muñecas y algunas veces té frío
y cuando fuimos un poco más grandes una petaca
y cigarrillos
allí nacía nuestra pequeña perversión
y la hermana del melena era muy linda
-de un día para el otro le habían crecido las tetas-
y mi hermana era muy fea
pero no sabía decir nunca que no

                         y la pasábamos muy bien
construyendo casas lejos de la vista de los adultos
y nos tocábamos con los dientes/con las muelas
                               algo nos sujetaba
        impidiendo que el viento nos llevara
algo que venía desde muy adentro/sin hacer ruido
a veces hacíamos camas con hojas secas
           y dormíamos los cuatro
sin pensar en cuanto faltaba para que terminara la infancia
                                               para que terminara la escuela
                                               para que nos fuéramos del barrio
para que vinieran los mateluna
            los vecinos pobres
y quisieran jugar con nosotros
eran dos varones y cuatro niñas
fue entonces cuando el melena y yo
   abandonamos la monogamia
                    y se nos antojo tener un harén
entonces invitamos a las hijas de garcés y a las sobrinas de arce
y a las primas de contreras y a las nietas de romano
pero el poema había terminado mucho antes
cuando éramos el melena y su hermana, mi hermana y yo
                    después tuvimos otras casas
también tuvimos otras mujeres
pero el poema había terminado mucho antes
y lo único que restaba
era este deambular por pensiones
                        recordando una infancia
                                que enterramos de repente

                                                   Octubre/noviembre 2005
Fotografía: Mario Giacomelli

lunes, 26 de diciembre de 2011

ABRIR PARAGUAS DENTRO DE LA HABITACIÓN

 Por: Marcos Freites

el guardalluvia

el guardalluvia/ el celador
que pone cerrojos a las tormentas
suele sostener nubes/los  fines de semana
y pensar en la chica del tiempo
que lee el horóscopo/tirada en la cama.
los pronósticos se oyen/sin fe
como una música que resuena
al borde del tedio
como los pasos de un pordiosero/desnudo
en mitad de la noche.
el guardalluvia/alisa los pliegues/de su gabán
fuma una pipa oscura
y se seca las manos/frente al espejo
convencido que bastara la luz de un fósforo
para alumbrar la tempestad
que proyecta gozoso
en la última página/el diario de ayer.


nochebuena, últimos 50 minutos

una carretilla donde se amontonan residuos tóxicos,
el alambre oxidado por el que se desliza el perro
emitiendo un chillido que rasga la tarde,
la tristeza que vuelve con el viento,
aunque sea nochebuena,
y papá este desnudo, cubierto de sudor,
y en la casa de enfrente parpadeen
las lucecitas
eclipsadas por las esquirlas naranjas del sol,
aunque el hombre sin ojos lave el coche
y arroje el agua con espumas a los geranios,
y en la televisión repitan la misma película ,
y ella no sepa qué es lo que le gusta de mí,
y dude sobre la idea de acostarnos juntos
y con unos ojos prestado observemos
a una prudente distancia el humo del país natal.

 tareas domésticas
el ojo que recorta figuritas
mientras se enfría el té
cuando se rifa el huevo
se pone en venta el óvulo
y se rasgan unos pechos fríos
con unas manos de hojalata.
serruchos que crepitan
en la cima de la colina
a la hora en que las lavanderas
vuelcan en estado de ebriedad,
y flamean los sujetadores,
y en el tendido se cuelgan palabras
para que las acaricie el viento.
el ojo que traza círculos
en torno al rostro, elude la línea de flechas
y mastica el papel con unos dientes
que rechinan oscuramente.

 lo que se piensa frente a una postal desteñida
lo piensa cuando ha terminado
de cortar el pasto,
lo dibuja en la tierra mojada,
y luego lo borra
con la palma de la mano,
lo hace cuando el cielo se ha hundido
y unos hombrecitos sin cabeza ponen ramitas
en el camino de las hormigas
para hacer más arduo el regreso al hormiguero,
pero el calor no calma,
y es en vano regar el patio,
arrojar el agua con un lavatorio,
abrir los grifos y hundir los pies en el barro,
-el verano continuará ahí-
y habrá moscas, habrá diarreas,
habrá partos, habrá pestes
y lo que pensó tras cortar el pasto
se habrá diluido/ en el ardor de la tarde
en el zumbido de los moscardones azulados.

 abrir paraguas dentro de la habitación
desde atrás en el espejo, en el frío recrudecimiento de la mañana
observamos a las chicas peinarse
sus pechos oscuros tiemblan
como si estuvieran poseídos
por fuerzas extrañas
lavan con salivas sus sexos
e hipnotizados se entregan
dando unos alaridos/entrecortados
afuera llueve se desdibujan las luces de los semáforos
y un ascensor desciende de prisa
Lara escribe Jerusalén
en el vidrio mojado y con el filo de una postal
se hace un tajo en la muñeca/del lado del corazón.
Jimena se pinta los labios/le hace unas muecas al espejo
y desnuda se echa en la cama a llorar/
suena con insistencia el teléfono
atiende Mariana que se ha puesto
un rosario entre sus pechos .
alguien pregunta por la intemperie,
por el deseo,                          
y ella escribe un nombre de mujer
en la agenda con manchas de café.
Lara lame las gotas de sangre
que brotan de su brazos
y piensa en el televisor encendido
en mitad de la calle,
en una lluvia de utilería
en unas cuantas serpentinas
en el dólar que se cotiza/ a cuatro pesos con veinticinco centavos
y acaricia con el reverso de la mano
la superficie del espejo roto.
Ojalá sus manos abrieran la lluvia,
balbuceamos,
como si estás  palabras
fueran el ensayado gesto
que pondrá fin a la representación
donde ellas son una visión
que nos asalta
justo cuando nos disponemos 
a quedarnos solos para siempre.

Fotografía: Bettina Rheims


jueves, 15 de diciembre de 2011

DESEMBARCOS

Por: Marcos Freites
a marianne en veracruz, mx
I
Cuenta ojos en la lluvia como si fueran peces
que caen sobre la ciudad a oscuras,
cuenta de la exhalación
del ritmo impertérrito que secuencia
una palabra derrotada de arboledas;
y deja que los ditirambos disuelvan
aullidos al final de la escena,
cuando en un incendio de disfraces
muerdan  la boca ahuecada
que esparce la ceniza.
II
Sobre el borde del mantel
la mariposa bordó quemaduras
entre erupciones que limitaron
los puentes del tacto,
libélulas encinta
que alumbró el viento
al despertar.
III
Trazó naufragios
en mitad de la hoja en blanco,
tormentas y desembarcos
cuando en su cielo de utilería
solo había gaviotas
heridas por la luz de un puerto.
IV
Al morir habrá lilas
sobre sus caderas
y los trenes partirán
sin ella
de una estación
en flor.
V
Pondré caracolas a hervir
para acariciarte
en la disolución del día,
cuando las mareas
tras cabalgar furiosas
bostecen
en una playa baldía.
                                                    Villa Espora, Diciembre,2011

martes, 8 de noviembre de 2011

ODA A ANTONIO ESTEBAN AGUERO

                                     
 Por Marcos Freites
Gracias a F.G.L
Habla, habla y no calles, pájaro sonámbulo
que los muchachos imitan tu vuelo
para apagar la sed de tinieblas,
que la ciudad llora tu resplandor tardío
a la hora en que las niñas cubren de saliva su sexo
y dibujan libélulas curvadas por el deseo.

Toda la ciudad se asusta cuando llora tu sombra
y se nos mueren de espanto las camas
en las casas de citas abiertas a la intemperie,
y la hija contrahecha devora su moco azul
convencida que es de crisantemos la muerte.

Antonio, ceniza y cieno, polvo y espanto,
quieres ser río, quieres ser arena mojada
en la tarde dormida, cuando un niño oscuro
muere ahogado en el agua de tus párpados,
y tu cuerpo se estremece,
como si hubiese chocado con una nube.

Nadie, absolutamente nadie,
ha visto sangrar las estrellas.
Nadie ha creído en las gaviotas
heridas por la luz de un puerto.
Nadie sujeta tu mano inerte
incapaz de escribir las paredes
de esta celda, que habitas.
Nadie sabe que inunda la flor de tu cuenco.
Es de noche y nadie, nadie se detiene,
y es tu cama, Antonio, agujereada por geranios,
es tu cuerpo fecundado por helechos tropicales,
es tu muerte encumbrada en las lindes del sueño.

Cuando la luna brote y caballos huecos
suelten su relincho, vendrás Antonio,
para poblar los senos de las niñas,
para bordar el vello púbico de los infantes,
para acariciar con tu lengua negra
los muslos rosados de las adolescentes.


San Luis  de armario oscuro y efedrina.
San Luis  de tinieblas que arrastramos.
San Luis de burritos y pirámides.
San Luis con un policía en cada cuadra.
San Luis con ojos espermáticos.
¿San Luis, que emperador oculto
maniata el goce de tus hembras?
¿Qué hay en el sobresalto de tu esqueleto
mordido por una fanfarria de alhajas?
¿Quién habita en los pliegues de tu sexo?

Levanta los brazos, Antonio, que es hermoso
tu pecho atravesado por un embrujo de abejas,
que es fuego y savia lo que tus venas acumulan.
Agüero ilustrado, en cinemascope, en technicolor,
como un elefante zumbón en primavera,
muestra tu miembro descomunal
como si fuera una mazorca en pleno éxtasis,
y cubre de mazamorra el vientre vacío
de la chica estéril que vaga por los caminos.

Antonio Esteban, duerme tu siesta secular,
que en la cima de los montes gimen las torcazas,
anunciando la llegada de un pelotón de fusilamiento.
Duerme, que en el pajonal hierve un furor de espinas,
que en las ruinas del templo retumban campanas,
que hay una niña con el vestido rasgado
llorando sobre el mármol de tu lápida.
Tal vez esperas que resucites para ofrecerte su cintura,
para que cubras de nardos sus muslos asoleados.
Antonio Esteban, dios en perpetuo celo,
aún recuerdas el San Luis yermo, con mujeres
incapaces de alumbrar, con hombres cabizbajos,
con tropillas de burritos, con un crucifijo sobre la cama.
Tuvo que florecer la palabra en vos, para dejar encinta
a la madre que pare cada primavera entre carcajadas,
para que el hombre cobrara coraje y sintiera de acero
los brazos, para que se hiciera la luz y la sombra.

Antonio, tus brazos poblaste de agujas calientes,
despertando la reseca simiente
en la menorca de la última vírgen,
y fundaste el dolor de la monja acuchillada,
el pavor de los angelitos descuartizados,
para iniciar el camino hacia el árbol derribado,
para convertir en cenizas el santuario
de todos tus pájaros tristes, porque, Agüero mío,
las señoras de sexo enmohecido reclaman
tus huesos, tu hueste de cóndores,
porque los poetas de la olla vacía
anhelan tu vello púbico suelto en el viento,
porque los maricas acarician la ensoñación
de tu miembro siempre erguido, atardecido,
tembloroso de cigarras, repleto de mordiscos verdes.

¿De dónde habrá surgido este coro desafinado
que repite en la agonía de la tarde tu nombre ?
Furiosamente, las voces dispersas con tu báculo
y desde el altar, abrazas las sombras sin ver
la rebelión que se acerca a tu ciudad,
sin oír el tropel de cien caballos desbocados.
Asoman y asombran, cabezas cortadas en el fango,
cuerpos espantados en la liturgia dominical,
y sacerdotes vestidos de carniceros, han tomado las calles.
En todas las esquinas hay barricadas.
Pasan hembras desnudas, sierpes demenciales,
chacales con ojos desorbitados, por tu cadáver pasan,
sin atreverse a lamer la sangre esparcida,
y cuando ya es tarde para la huida, cuando las campanas
repican como potros en celo,
hay un hombre enloquecido sentado en tu tumba
dispuesto a escupirla para maldecirte, capitán de los pájaros,
digo que hay un hombre dispuesto a profanarla
para arrojarle tus huesos a las señoras
que toman té con scon y escriben poemas al nietito,
para asustar las amelias, y las delias y las camelias,
para que la poesía se quite al fin tus cadenas,
se limpie tu baba pegajosa
y como una muchacha poseída
vuelva  a fornicar en los catres de los poetas pobres,
para que tus libros enciendan el fuego del mendigo,
y esa puta que se hace llamar poesía ,
se olvide de una vez por todas de fingir.