miércoles, 30 de mayo de 2012

FLASHBACK

Por Gonzalo Riera

TWILIGHT

1. Dejo los pies en la entrada del comedor, resbalo por una cascara de plátano y aparezco en tu cama. Llego a tu lado, con un rostro parecido al de un explorador que ha recorrido un vasto territorio, y busca un sitio donde acomodar su cuerpo carcomido por las fieras. Esto mientras tanto. Mientras se pelan las habas y se ponen a hervir los choclos. Sin pensar demasiado  que en algún punto, todavía es verano, y una chica toma sol, mientras a su alrededor chapotea una docena de faunos, provistos de miembros descomunales. En sitios así lo constante es la intemperie. Hay puntos donde la noche se alarga más allá de lo normal, y hay tres niñas esperando un colectivo que no va a llegar nunca. Una de ella les advierte a las otras que se les hará irremediablemente tarde para cambiar de vestido, que mejor sería quedarse aquí fumando, convencidas que se ha llegado a un punto, donde es preciso mirar atrás y comprobar si aún llevamos encima todo el equipaje.

2. Aldana intenta atrapar una aceituna en el fondo de la copa y Tatiana llama a Gustavo, que detrás de la cerca en cueros trata de hacer una lectura veloz de la situación, como si pudiera descifrar ese cuerpo diminuto, capaz de disparar, en el momento menos pensado, munición gruesa. Él piensa que ella le rehúye al placer, sobre todo en las horas punta, esos tiempos-punctum donde el orificio puede ocultar unos colmillos punzantes.
Y aquí estamos con Gustavo que con un salto ha atravesado la cerca y tras saludar a los presentes se prepara para tirarse un clavado, mientras la intemperie asoma su cabeza, y a esta distancia si se contemplara con atención veríamos que el panorama se presente peor de lo que anticipaban los expertos. Y si hacemos una predicción basada en los antecedentes recolectados las esperanzas son casi nulas, por lo tanto vamos a dejar que él o ella continúen divirtiéndose, chapoteando como si fueran niños despreocupados por el porvenir, incapaces de advertir lo que se avecina, aunque algunos sostengan que ellos lo saben incluso antes que nosotros, sólo que evitan enfrentarse a lo trágico y sus voluntades, estirar el esplendor juvenil y hormonal hasta más no poder, cerrar los ojos ante eso que está ahí, dispuesto a asestar el golpe de gracia.
3. Él observa a través del ventanal a las chicas y piensa que Tatiana no sobrevivirá a la intemperie. Será la primera que terminará devorada por el afuera. Nunca tuvo tacto para manejar las cosas, y lo primero que se le ocurría, cuando se encontraba en medio de un torbellino era buscar la salida de emergencia. Pero, ah, que no se pongan en tela de juicio esas tetas, eso nadie es capaz de negarlo. Por mi parte, no dudaría en apretárselas con una morsa hasta que brote leche sangre. Y si todo se derrumba, Aldana se apartaría de él o ella, y entonces la veríamos correr por esos callejones desolados, correr sin dirección, hasta que caiga muerta de susto en alguna esquina donde los indigentes se apiñan hasta formar un amasijo uniforme. Entonces ella y él, situados en uno de los últimos bastiones, observarían todo sin preocuparse, hasta les provocaría risa ver esa nube de ceniza cayendo sobre sus cabezas, pero es un desatino pensar en todo esto. Lo más acertado es acercarse a la pileta donde las chicas se divierten, lo único que pueden hacer sin ayuda. Acercarse despacio con los oídos en alerta, dispuestos a oírlo todo.

4. No es tiempo de buscar una salida fácil al asunto, ni tampoco de cortar el hilo por la parte más delgada, pronto, más temprano que tarde vendrán las replicas y habrá que sostenerse con uñas y dientes, o como por arte de magia evaporarse y aparecer en otro relato donde hay tres chicas tomando café. Entonces una de ellas dice que esta triste, que está buscando una salida, pero no encuentra más que dolor. La muchacha que está a su lado parece que va a decir algo, pero calla cuando se da cuenta que al local han entrado dos sujetos extraños, enfundados en unos largos abrigos marrones. Ellas pese a su juventud, saben que todo se debe hacer con mucha precaución. Cualquier error y están perdidas. Midamos cada uno de los movimientos, advierte una de ellas y enciende un cigarrillo. Después de lo que han hecho, es necesario que desconfíen de todo el mundo. Saben que se han metido con la persona equivocada, y que pedir perdón a estas alturas es una estupidez. A medida que avancen los sucesos todas las vías  de escape se irán cerrando y las tres chicas flotarán en la intemperie.
Gonzalo Riera: Nació en Naschel en 1990. Actulamente trabaja como peón en una estancia de Algarrobo del Águila, en La Pampa.
Fotografía: Diane Arbus








jueves, 17 de mayo de 2012

EL RESTO ES LITERATURA

Por Matías Lucero
2. Bien, la pregunta es en qué estabas pensando cuando dijiste el "NO"... la verdad que los "no" siempre me parecen las realidades alternativas de las que habla la física... no sé porque creo que pudimos asesinar toda posibilidad, fue la posibilidad de un cuerpo, de un puñado de suspiros que olvidamos el lugar donde los habíamos dejado. Me preguntás que sucedió, te digo que no tengo idea, que las mentiras me suenan a cuentos mal contados, esos a los que le llaman realismo. Yo en realidad me quedo con la búsqueda de la ropa por la mañana, de creer que perdí todo, que ya no hay vuelta atrás, es una estúpida forma de sentirme distinto, qué sé yo, otra vez, qué sé yo, tengo un par de cartas de amor que siempre guardo, ninguna nunca fue escrita para mí, porque yo soy el perro bastardo, soy el que se quedó mirando cuando repartían las personas del "para siempre". Pero el resto es sólo literatura, mientras tanto prefiero imaginarte tirada en la cama, pensando en qué disco comprar, yo y las alondras siguen siendo pájaros decapitados, y eso me gusta sólo para entender que puedo terminar con algún ser alado...
3. Es un asesinato, mi amor... La realidad es una quemadura de primer grado, a mí me intervinieron quirúrgicamente la noche que me pasaron el primer libro, me acuerdo que era  El retrato de Dorian Gray, entendí nena, no te puedo explicar, fue como una explosión, un aleph. Ahora apareces vos (ahora es siempre ahora, los después y los antes son invenciones erróneas). La pasión adquiere formas extrañas, y tenía lunares esa noche, aunque la memoria sea la más frágil de todas las chicas esta noche... porque las noches se me antojan persuasivas, me muestran su oscuridad y me asusta tanto como una seducción, cualquier seducción. Vos tenías cara, tenías cuerpo, tenías voz, tenías piel. Ni siquiera existe "el otro día", disfuncionales días después, todos corren, el sol, la cumbia, y ahí, escondidos en las esquinas están los que ya no recuerdan, los que desechan la realidad, los que no pensamos más en cosas simples, los que no nos cansamos de hablar... y ahora dejo de escribir porque el resto es literatura.

Serie "Caminos"
J.J.Reynoso






domingo, 13 de mayo de 2012

LA PERTURBACIÓN DE LOS SIMIOS O ADVERTENCIAS A LA HORA DEL SPUTNIK


Por  Marcos Freites
.... y busco algo que me empuje hacia el final del poema
que venga con la fuerza necesaria para llevarme hasta
                                                                                           la última línea
y la lluvia arrecia con tal violencia
que me obliga a echarme a correr
                                                 hasta el galpón
                                                        donde los adultos duermen
                                                                                          fuman
                                                                                               fornican
                                                                                 o escuchan  llover
                                                                                        sin abrir los ojos
                                                                             convencidos que mañana
                                                                                                   que mañana
a la hora en que suene el despertador
                                      habrá como siempre sol
                             y arrodillado ante la imagen-esfinge
                 de una chica que se cubre los pechos con su cabello
                                                  rezo
                          sin saber muy bien cómo se debe hacer
                                                y pido
                                   que el poema termine
antes que la lluvia lo disuelva todo y no queden en pie
más que las ruinas de este galpón
donde afirman que la vida con toda la valentía se gestó
                                                                       y eso fue hace tanto
en los tiempos donde tras las pantallas no había más que lluvia gris
y muy pocas veces se veía una especie de arco iris
y alguien sumaba noches, restaba días y multiplicaba comidas
y se reía del que escribía cosas que  de verás existen
convencido que no hay mayor invención
  que eso que en un exceso de confianza llamamos realidad
y aquí es donde lo que en un momento, sobre todo antes de la lluvia,
parecía simple, y fácil de terminar, se empieza a tornar complejo
eso  es lo que uno advierte situado en la parte superior de la obra
  incapaz de saber cómo será la visión de quienes
armados con catalejos observan desde la parte inferior (¡Pobres!)
y el lector avezado, valiente, que batalló con los peores poetastros
se preguntará acerca de la dificultad,
así como también sobre la finalidad de este encolumnado de palabras
y es entonces que le respondemos que falta poco para que todo termine
para que todo vuele por los aires si ayudan los efectos especiales(Fx)
y con mucho esfuerzo quito la vara
que a esta altura me parece mágica
y me siento incapaz de arrojarla contra los escombros
y me retiro sosteniéndola amenazante contra todos los presentes
en el momento exacto en que se empiezan a llenar de puntos (de putos)
                                                                                     los espacios en blanco
            y la noche entera es una sola, 
                                                                una nada lluviosa
que se extiende sobre la superficie (de la hoja)
                                                       cuidadosamente recortada


domingo, 6 de mayo de 2012

DISTINTAS FORMAS DE RECIBIR UN GRITO

        Por Diana Marzotti

Ahora leo los cuadernos negros de R., el amigo que vislumbró la muerte antes que todos nosotros, que se acostó con ella, mientras la nieve caía y el viento ululaba entre los pinos que con paciencia había dibujado. Escribía por arrebatos, metido en su cama durante la noche. Sabía que al final, ella lo estaría esperando y sería implacable.  
Antes hubo acontecimientos, algunos ya mencionados, otros apenas sugeridos como el de la muchacha desaparecida. 
Todo acontecía, sin que nadie tuviera el control, era como si de pronto los hilos que sujetaban las cosas se hubiesen cortado, o como si una fuerza invisible y demoníaca tomara posesión de todo lo que nos rodeaba.
R, era el  ángel exterminador que atormentado vagaba por el campo abierto a la perdición, minado de desgracia, mientras escribía y escribía en el cuerpo de la chica  muerta . 
*** 
Salimos por la mañana queriendo olvidar todas las flores y floreros y jardines, con la cara sin lavar hacia la calle dónde no había nadie, salimos creyendo escapar de una casa que se derrumbaba cada mañana, que se encogía cada vez que despertábamos. Algo ya nos empezaba a pesar. Siempre suele ser así. 

***

Puede que con unas cuantas piedras empiece la próxima guerra y dos o tres persistan en la obstinada idea de que la mejor manera de hacerse fuerte es a través de la paz, y hagan sentadas en medio de los escombros, y con resignación reciban los balazos; pero en medio de los desmanes, cuando todo esto se vaya consumiendo en unos cuantos reventones, yo les advierto, sin ánimo de desanimarlos, formaré parte de los desertores, de los que se encargan al final de la guerra de echarle un poco de tierra a los muertos.
*** 
Supe de relámpagos mientras esperaba la merienda. Sin pensar en los hombres que van a tomar posesión. Lentamente he logrado deshilachar toda la sábana  y con los pies he seguido el ritmo de las máquinas que durante toda la tarde han estado demoliendo escombros, buscando cuerpos después del terremoto. Desde el fondo la mucama trajo la bandeja reluciente, sirvió pan y uvas frescas, mientras por la radio declaraban el estado de sitio y yo no dejaba de pensar en tormentas.
Diana Marzzotti. Nació en Villa Mercedes, San Luis en 1992. Actualmente  reside en Cañada de Gómez, Santa Fe. Tiene en preparación un libro de poemas titulado "Apuntes ligeros". 
Fotografía: J.J.Reynoso.

jueves, 26 de abril de 2012

EL REINO DE LOS DÍAS PERDIDOS

                                                             Por Freites
Lo que el amor suprime

                                         cuando unos brazos

en mitad de la noche se alarga

                                        para abrazar lo disperso

más triste que la imagen de Milena

  acariciando la espalda de su esposo

                                    un domingo por la tarde

con lluvia y cumbia en la casa de al lado

más ajeno que Romina preparando café en la oficina

con los ojos puestos en un reloj

                    que parece ahogar todos sus deseos.

Lo que arrojan las estrellas

cuando David se dispone a entrar por la puerta grande

                             al dominio de la rutina

cuidando los mellizos

mientras en la tele se resquebraja un glaciar en Yellowknife.

No imagino a Beatriz volviendo a la estación de servicio

          en busca de un paraguas

o dispuesta a ofrecerle un girasol a los policías

a la hora en que una mano cálida nos desnuda .

Veo a Rebecca en una ciudad de nombre absurdo

dispuesta a decir mucha mentiras

para que alguien la reconozca

tras esas palabras que edifican castillos de naipes.

Veo a Almada probando una por una las marcas de whisky

que oculta en el armario el padre de una estudiante de psicología

o abrazando el cuerpo anoréxico de la chica

mientras imagina un bosque nevado en Edmonton, Canadá.

Veo a Matías, deshojando los pechos de una chica

que se acaba de extraviar en las páginas de un libro de Proust,

luego hay sombras de perros muertos

y una taza de café humeante

y alguien que jura haberse acostado con Woody Harrelson

y entre los cuerpos puedo figurarme una navaja azul

chorreando sangre bajo lluvia que cae al ritmo de un bolero.

Veo a mi primo, Ignacio, en Maracaibo

salpicando mariposas en el almuerzo

soñando rugidos de meteoros

en mitad de una bachata triste.

Veo a Luciano, de paso, tratando de alisar los pliegues de un vestido,

acariciando la punta de unos pechos fríos

en lo que sueña colocar pájaros desbandados

lirios sangrantes y cabalgatas desorbitadas

y a vuelta de página es junio,

Long Beach resplandece, mujeres escandinavas toman sol

Y dibujan en las barandillas del muelle un cristo sonriente

ante el asombro de mi amiga, Erika,

que todo lo archiva en una Panasonic

y cuando es muy tarde, ella me escribe

que la noche entre sus muslos disimula una daga

y yo juro tomar hasta que resplandezca el día

en la blancura demoníaca de esos ojos que aguardan por mi caída

y me enfermo, y grito atado a una cama de hospital

cuando son las diez y cuarto

y un colectivo vacío parte en llamas hacia Las Lajas

con mi cadáver a cuestas

convencido que tras este exilio habrá otros

bajo lluvias de herrumbre

hasta que al fin

los que no imagino, los que no veo,

los que adivino en el turbio oleaje del calendario

regresen para tomar por asalto

el reino de los días perdidos.
Fotografía: Diane Arbus

sábado, 21 de abril de 2012

LA NOCHE ENTERA

                                      Por Gonzalo Riera

Y entonces el hambre, los aullidos, el hartazgo

                               el crimen íntimo y silencioso

                                                mientras la noche  se desviste

y algo se acerca  para golpear el corazón de la piedra

                                                      que ya sin deseos jadea

                                              en el fondo del foso.

como esos relámpagos que en pleno estallido menguan

hasta convertirse en un pálido fogonazo

y después

                                           qué misterio este plumaje

que visten los pájaros muertos

no es lo que el cielo desea al estallar

contemplar la tempestad con el vuelo ahogado

                 impidiendo que se pronuncie la luz

que los otros pájaros vuelvan a habitar el trueno

            que el ángel no delate el hueco que abrió la distancia

el último manojo de mirtos ya cayó

                    y después

ese dejo a fiesta interrumpida que tenía tu boca

  aquí en el cuarto baldío

mientras los muebles llovían por dentro

y los rostros en el espejo se prendían fuego



¿Venimos de la noche o somos las noche entera?




domingo, 15 de abril de 2012

LO QUE SE NIEGA A MORIR O LAS LETRINAS DEL PARAÍSO

                       Por Alberto Ferrer 

Para conocerme mejor debes acercarte, dijo Ella, y se sentó en la cama con los ojos extraviados.
 -Te conozco demasiado, respondí casi sin mirarla. 
Tras la ventana un tren con las luces encendidas se alejaba bajo la lluvia hacia el oeste. Afuera se oía el ruido ahogado de las máquinas de demolición. El soplo caliente de las dunas se arremolinaba sobre el follaje de los árboles calcinados. 
-Me conoces hasta dónde yo he dejado que me conozcas, murmuró y se acercó a la ventana y ahí permaneció dejando ver la mitad de su seno.
 La miré como se mira a una extraña, y supe que de una vez para siempre sus ojos me eran ajenos, que luego de la explosión aquella mujer habitaba un cuerpo desobediente, un cuerpo que era inmune a cualquier orden.
-Ahora que lo pienso bien, respondí, te desconozco, ya nada te puede dominar. Tal vez debería ir a buscar a mamá.
-Es inútil, no tienes equipo para atravesar la ciudad, ni siquiera una máscara antigas. Además como tú dices, mamá debe estar muerta.
-Podría tomar el coche y rodear la ciudad. Sabes que lo he hecho en otras situaciones de emergencia. 
-No seas idiota, la ciudad está cercada por las patrullas. Hasta los atajos deben estar cercados.
- Entonces debería quedarme contigo.
-Me parece bien, sólo que me preocupa algo, dijo, y alzando la voz salió de la habitación. 



Escuché el ruido de sus botas atravesar el largo pasillo, luego subir la escalera hasta la planta alta. Intenté sintonizar alguna radio que diera alguna noticia de último instante pero la mayoría estaban intervenidas, y sólo estaba al aire una radio cristiana dónde un profeta evangélico daba gritos de algarabía debido a que el fin se acercaba, y pronto su tribu se reuniría con Cristo. Uno o dos pensamientos psicóticos me atravesaron la cabeza. Apagué la radio y busqué algo de combustible, quizás incinerándonos era la única forma de salir de la cabaña pronta a desmaterializarse. En ese instante bajó Ella cubierta apenas por una toalla que dejaba al descubierto su pecho de amazona.
-Empecé a llenar la bañera, vamos a refugiarnos ahí, pronto habrá una nueva explosión. Al fin tendrás lo que siempre deseaste, susurró y volvió a subir.
 Aspiré profundo, me mordí los dientes, luego me eche en la boca un puñado de grageas estimulantes acompañadas de un sorbo de aceite especial, y subí con la mente sobreexcitada.
-Debo mostrarte algo, dijo y hurgó entre los cajones de un mueble.
-He visto demasiado, contesté, quizás ya no me interese ver nada.
-¿Y si te digo que tengo una Tunguska 1908?
- Hace mucho que no oigo esa palabra. La había olvidado por completo.
-Verás una auténtica Tunguska 1908 capaz de provocar grandes descargas electromagnéticas. Debemos ser cuidadosos, durante todos estos años estuvo viva, me aconsejaron aniquilarla, pero desde hace un tiempo me fue revelado la inminencia de está catástrofe, y decidí preservarla. 
-Me interesaría verla, debe ser una máquina demasiado compleja, más aún si ha permanecido viva tanto tiempo.
Buscó entre la ropa sucia una caja metálica, le dio tres golpes, acercó el oído y dio un grito de júbilo.
-¡Aquí está! ¡Aquí está!, exclamó, y tú te encargarás de abrirla.
Traté de recordar las antiguas Tunguskas, hubo una época en que me encargaba de desactivar estos engendros. Recordé una modelo Tesla que habían utilizado para adaptar a los estudiantes del nivel medio al ritmo fabril. Eso había sido antes de que fuera reemplazada por la Vanavara que era más versátil y menos peligrosa. Sin pensarlo abrí la caja de un modo violento, y vi la máquina encendida, vívida, con su gabinete rojo y sus antenas cromadas, lista para hacer su trabajo devastador.
-Deberíamos programarla ahora mismo, ordenó.
-Quizás si la utilizamos de forma correcta nos expulse hacia algún refugio, contesté, tratando de recordar el código común.
-Es una estupidez, repuso ella, está máquina jamás nos salvaría, para lo único que sirve es como solución final.Tenía razón fueron construidas para hacer el trabajo sucio que el hombre se negaba a hacer, y eran fieles a su función. Ingresé el código y activé su mecanismo. Pude oír el traqueteo de sus engranajes, el zumbido de sus pequeñas hélices, la cuenta regresiva dictada en una lengua muerta. Ella apagó la luz y se sentó a mi lado.
-Ahora sólo nos queda esperar, dijo acariciando suavemente mi cuello, su mecanismo es infalible.

Fotografía: Diane Arbus 

Ferrer, Alberto ( Nació en Tilisarao en 1988) 

miércoles, 4 de abril de 2012

WELCOME TO THE FALKLAND ISLANDS

por Matías Lucero

Y ahora con los hijos de los Beatles. Como un renacimiento de la locura "sesentosa" que dejó a todos con el "Culo mirando al sudeste", y todos eran ingleses, se olvidaron de las invasiones del 14 de abril de 1806, a los Beatles no les tiramos con agua hirviendo al mejor modo neanderthalesis. A ellos con las flores, con el LCD en los carritos de helado. Y después las Malvinas, un 2 de abril cargamos las Winchester del abuelo y partimos a buscar "Malvinas". Malvinas como un grito de esperanza, Malvinas y una banda en los ojos al rulo que no volvía a casa, Malvinas y otra vez poder salir de la casa a las 3 de la mañana. 
¡Los Beatles! a otra cosa, mariposón. Comprate un Falcon y escuchá a D`arienzo, ¿acaso no sos argento, carajo? leamos el Martín Fierro. ¡Vamos a Malvinas! papá por fin va a estar orgulloso. Vayamos a Malvinas y quedémonos por allá nomás. Después te vengo a buscar nena. Vamos a hacer una nueva vida. Malvinas seguramente es hermoso, y allá no se toma agua, allá la gente toma petroleo. Son personas hermosas, con cuerpo de caballos, y tienen pelajes blancos, y todos hacen el amor en las calles, porque allá vamos a ser libres nena. Vamos y son como una misma conjugación. De una volada del Pucará y hundimos todos los barcos del tiempo. 
Después (siempre hay un después) volvieron de Malvinas que resultó ser un lugar dónde vivían los Kelper, resultó que Malvinas se llamaba Falkland y que era fangoso, y que en las escuelas flameaba la bandera de los Beatles. Fue culpa de los milicos, vos no te hagas cargo negro. Andate a tu casa, perdón, no tendrías que haber ido. Mirá, ahora te doy un bono para que te quedes tranquilo en tu casita, para que te olvides de las islas che. Que no son para tanto. 
Antes escuchabamos los Beatles, leíamos a William Shakespeare y mirábamos las de Hitchcock, ahora escuchamos a Mc Caco, leemos a Coehlo y miramos las de Diego Rafecas. 



sábado, 31 de marzo de 2012

TAMBIÉN PODRÍA LLAMARME PARAÍSO


Mientras permanecí en la ciudad podía sonreír, y sin embargo, seguir estando triste.
                                                                                                                       J.J.Reynoso.

 A Raymundo Godoy, tras la confusa garúa del tiempo.
      Por Marcos Freites
Raymundo Godoy. También conocido como El Calcuta. 33 años, como Jesús al ser crucificado.
Venía de algún pueblo, supongo, por la pinta. Al principio era muy tímido. Entraba con miedo, y le resultaba difícil elegir alguna de las chicas. La primera vez que vino estuvo media hora para decidirse. Le servimos un vasito de vino para que la cabeza se le despejara. Tenía los zapatos embarrados. Sacó del bolsillo de la chaqueta un pedazo de diario, y con prolijidad limpió la suela.
***
Siempre había una chica atractiva en la puerta. Señorita Anzuelo, la apodaban los dueños. Ella se encargaba de acompañar a los hombres hasta la sala de espera. En esa época, me parece, que se subía por una escalera en forma de espiral, adornada con motivos navideños. Cuando salían los clientes se resbalaban, y el hombre que nos cuidaba los ayudaba a llegar a la calle o llamaba una ambulancia cuando el golpe era de gravedad. También recuerdo el dibujo de un tigre a punto a dar un zarpazo en una de las habitaciones, y los espejos que siempre estaban sucios.
***
En alguna parte de su diario, mi compañera había anotado las medidas de Raymundo Godoy. Descomunales. Truculentas. 22 x 5. Eso sí, le costaba endurecerla. Había que poner énfasis en el juego previo. Lento, desgarrador, particularmente extraño como si un leve ardor surgiera al empezar la fricción para luego devenir en resplandor.
***
Pajaritos eran todos los que se dejaban caer cuando el sol estaba por entrarse. Subían con temor hasta la planta alta, y ahí se quedaban temerosos, dejando escapar cada tanto alguna sonrisa nerviosa, hasta que aparecía detrás de las cortinas Mariana, y con una ternura maternal les preguntaba con cuánto dinero contaban. En caso de que la suma valiera la pena los hacía sentar en unos sillones rojos mullidos, y una por una les presentaba las chicas como si por primera vez asistieran a aquella casa de citas.
****
Qué quiso decir aquella noche con la miraba turbia por el alcohol arriba y un poco más abajo, desplazándose hacia las sombras, quebrado por la carga excesiva, respirando con dificultad, hasta ver entre esas piernas la desaparición total del deseo, con un oído puesto en la inmensidad, tratando de esclarecer entre esas nalgas temblorosas esa antigua duda.
***
Apoyó sus recuerdos en la silla vacía, y dejó que el reloj tictaqueara en cámara lenta. Le dio cierto trabajo quitarse los botones de la camisa a rayas. Balbuceó algo mientras apagaba el cigarrillo. Media hora. Ciento veinte pesos. Ella a medio desvestir salió con el dinero. Un billete de cien y otro de cincuenta. A la salida le dan el vuelto, señor, le dijo al volver. Para ese entonces él ya se había sacado toda la ropa. En un santiamén me empeloté. En la bolsita de tela blanca ella buscó el preservativo. ¿Qué otras cosas habrá dentro de la bolsita? Un desodorante de ambiente. Gel lubricante. Espermicida. Pañuelos descartables. En otros sitios más decadentes recuerdo rollos de papel de cocina. ¿Por dónde te parece que empecemos? Hay tanto por hacer que esta media hora va a resultar escasa.
****
Aquel  verano fue desalentador. Cualquier intento por mantenerse en pie pareció costar el doble de esfuerzo sólo por el efecto de las altas temperaturas. Cuarenta grados a la sombra. La transpiración inundando el corpiño, cubriendo las tetas de gotas salitrosas. Las moscas azuladas revoloteando, zumbando, despeinando la muñeca en cinta. Así era imposible moverse, cubrir los espacios en blanco, fugarse en el vacío entre unos brazos que te asfixian y unos muslos que te disuelven, viendo desmoronarse todo sin ruido.
****
Ah, era cierto lo que se murmuraba. ¡Raymundo Godoy! ¡Veinticinco centímetros de placer! Raymundo Godoy, El Calcuta para las putas, perdón para las chicas. Nunca vi un buen pedazo como este, y eso que está medio muerta. Cuesta empinarla. Al principio todo se hace cuesta arriba. Un glande bastante poroso. Sos de los que una vez que empiezan no pueden parar. Me vas a dinamitar la concha. Una implosión vaginal. Calcuta, yo digo tu nombre en gotas como si rezara el rosario. ¿Cómo vas a querer acabar? Vos te fijas, durante esta media hora te voy a conceder todos tus deseos. Si es en la boca sube la tarifa. Mira que me estoy arriesgando. Cuando estés por acabar me haces una seña, una palmadita en la cola. Yo te saco el condón y entonces, Raymundo Godoy, cumplís tu sueño.
Me llamo cielo. También podría llamarme paraíso.
***
No hay música más maravillosa que el ruido de tu boca succionando y succionando. Veo que va a correr mucha sangre. Entre los calcetines llevo una navaja. Con ella solía pelar cerdos. Van a bastar un par de tajos para que se desate la sinfonía. Tu cuerpo es un árbol degollado. En torno a tu vientre crecen alambres de púas. Unos hombres de chaquetas verdes nos apuntan con sus linternas como si quisieran neutralizarlo todo.
Oral americana. Oral americana.
Ilustración: Balthus.