lunes, 30 de julio de 2012

PASADO MAÑANA EN COPENHAGUE


Por Gonzalo Riera

Ojos vacíos

Ahora que toco el borde de la mesa
con la punta de la lengua
y se me pegan migas de pan
y saboreo los restos del almuerzo
con los ojos vacíos
voy adentrándome en lo que estuvo
pronunciando palabras al revés
aunque sea tarde para milagros
y en torno a mi cuerpo
solo arrecie el espanto

Baldosas

Rayones de bufandas alérgicas sin invierno
con el filo de un lápiz con olor a humedad
tracé el mapa de Dinamarca solo para vos
que saliendo de atrás de la pared
un ojo me guiñabas incapaz de ver
Copenhague en otoño 
con un muelle maltrecho

Flores congeladas

Nunca advertimos la distancia
                     que separaba un abismo de otro abismo
como si no hubiera del otro lado nada más
                    flores congeladas murallas de tierra
un foso que contiene el universo
             casi al final del invierno
               cuando la garúa auguraba temporada de caza
con vigías en cada esquina
y las marcas húmedas de los zapatos de una niña pequeña
                             sangrando calle abajo

Las chicas se acuestan a tu lado sin saber por qué

Cuando abrí la puerta
ella estaba suspendida en el aire
sin prestarle atención a la lluvia
y pensé que las chicas se acuestan a tu lado/ sin saber por qué
había otras mujeres en la postal
hablaban sin escucharse
la verdad no es más que unas cuantas palabras pulcras
dijo la pelirroja
tengo la sensación que está ciudad se va a derrumbar
en un estrépito de polvo y humo
escribió la rubia que tenía en brazos un  perrito
y cerré la puerta
sin dejar de pensar que las chicas se acuestan a tu lado / sin saber por qué


Pasado mañana en Copenhague

Es difícil abrazar una desnudez corrosiva
cuando la nieve no deja de caer
y en la cabeza no deja de repetirse
la imagen del grifo
ella dice que vela por el oro
y yo lo veo trepar a la cama cuando estamos desnudos
dispuesto a devorarnos
justo a la hora en que unos ancianos harapientos
                                                  arrastran unos trineos cerca del Kronprinsen
cuando los trenes se han detenido
                                         y se oyen gitanos al oeste
y una felicidad desconocida nos atraviesa
                  como si hubiese estado estancada
en las páginas húmedas de un diario
y parecen más dulces los duraznos recién sacados de la lata

Gonzalo Riera: Nació en Naschel en 1990. Actulamente trabaja como peón en una estancia de Algarrobo del Águila, en La Pampa.

miércoles, 18 de julio de 2012

EL CEREBRO DE EINSTEIN


Por Roland Barthes

El cerebro de Einstein es un objeto mítico: paradójica­mente, la inteligencia más destacada forma la imagen de la mecánica mejor perfeccionada, al hombre dema­siado poderoso se lo separa de la psicología, se lo intro­duce en un mundo de robots; en las novelas de ciencia-ficción, los superhombres siempre tienen algo de cosificado. Einstein también: comúnmente se lo expresa por su cerebro, órgano antológico, verdadera pieza de mu­seo. Tal vez a causa de su especialización matemática, el superhombre está despojado de todo carácter mágico. En él no hay ninguna potencialidad difusa, ningún misterio que no sea mecánico; es un órgano superior, prodigioso, pero real, inclusive fisiológico. Mitológica­mente, Einstein es materia, su poder no conduce espontáneamente a la espiritualidad, necesita del auxilio de una moral independiente, la evocación de la "concien­cia" del sabio (Ciencia sin conciencia, como se dice). El mismo Einstein se ha prestado un poco a la le­yenda al legar su cerebro, disputado por dos hospitales, como si se tratara de una maquinaria insólita que al fin se va a poder desmontar. Una imagen lo muestra tenso, la cabeza erizada dé hilos eléctricos: se registran las ondas de su cerebro mientras se le solicita que "piense en la relatividad". (Pero, en realidad, ¿qué quiere decir exactamente "pensar eh..."?) Sin duda se intenta ha­cernos sentir que los sismogramas serán más violentos cuanto más arduo sea el tema de la "relatividad". El pensamiento es representado como una materia ener­gética, producto mensurable de un aparato complejo (poco menos que eléctrico) que transforma la sustancia cerebral en fuerza. La mitología de Einstein hace de él un genio tan poco mágico que se habla de su pensamien­to como de un trabajo funcional análogo a la produc­ción mecánica de las salchichas, a la molienda del grano o a la trituración del mineral: producía pensamiento, continuamente, como el molino de harina, y la ha sido para él, ante todo, el detenimiento de una función localizada: "el más potente cerebro ha cesado de pensar".

Esta mecánica genial tenía un objetivo: producir ecuaciones. A través de la mitología de Einstein, el mundo ha reencontrado con deleite la imagen de un saber convertido en fórmulas. Hecho paradójico: cuanto más el genio del hombre se materializaba en las formas de su cerebro y cuanto más el producto de su invención alcanzaba una condición mágica, más reencarnaba la vieja imagen esotérica de la ciencia encerrada en algu­nas letras. Existe un secreto único del mundo y ese secreto cabe en una palabra; el universo es una caja fuerte cuya clave es buscada por la humanidad. Einstein casi la encontró y ése es el mito de Einstein; todos los temas gnósticos vuelven a encontrarse en él: la unidad de la naturaleza, la posibilidad ideal de una reducción fundamental del mundo, el poder de apertura de la palabra, la lucha ancestral de un secreto y de un nom­bre, la idea de que el saber total sólo puede descubrirse de golpe, como una cerradura que cede bruscamente después de mil tanteos infructuosos. Por su simplicidad inesperada, la ecuación histórica E = me2 cumple casi totalmente la idea pura de la llave, desnuda, lineal, de un único metal, que abre con facilidad absolutamente mágica una puerta sobre la que nos obstinábamos desde hacía siglos. Las imágenes lo muestran: Einstein, foto­grafiado, está al lado de un pizarrón cubierto por signos matemáticos de visible complejidad; pero el Einstein dibujado, es decir el que entró en la leyenda, tiza en mano todavía, acaba de escribir sobre un pizarrón des­nudo y como sin preparación, la fórmula mágica del mundo. De esta manera, la mitología respeta la natura­leza de las tareas: la investigación propiamente dicha moviliza engranajes mecánicos, tiene por sede un órga­no totalmente material cuya única monstruosidad es su complicación cibernética; el descubrimiento, por el con­trario, es de esencia mágica, simple como un cuerpo primordial, como una sustancia elemental, piedra filosofal de los herméticos, agua de alquitrán de Berkeley, oxígeno de Schelling.

Pero como el mundo continúa, como la investiga­ción aumenta permanentemente, como es necesario re­servar también un papel a Dios, algún fracaso de Eins­tein se hace imprescindible: Einstein ha muerto, se afirma, sin haber podido verificar "la ecuación donde tenía el secreto del mundo". Finalmente el mundo ha resistido; apenas penetrado, el secreto se ha vuelto a cerrar; la clave era incompleta. De este modo Einstein satisface plenamente al mito, que se burla de las con­tradicciones con tal de instalar una seguridad eufórica: mago y máquina a la vez, buscador permanente y des­cubridor insatisfecho, desencadenador de lo mejor y lo peor, cerebro y conciencia, Einstein cumple los sueños más contradictorios, reconcilia míticamente la potencia infinita del hombre sobre la naturaleza y la "fatalidad" de lo sagrado de la que aún no puede despojarse.

Mitologías. Roland Barthes. Traducción: Héctor Schmucler. Siglo XXI Editores. Buenos Aires.


sábado, 30 de junio de 2012

ZONA V

ZONA V-DESCUBRIENDO A HERNÁNDEZ
Por Luciana Garamondi
FUEGOS DE ARTIFICIOS: Aunque se quiera hablar de vida ajenas, siempre se termina hablando de la propia. Y aquí estamos otra vez, tratando de inventar un modo de acercarnos a Hernández. Entonces es de noche, un helicóptero de la policía sobrevuela la ciudad.  Las chicas de ocasión muestran sus piernas ante la mirada atenta de los vigilantes. Hacia el oeste se oyen numerosas explosiones. Parpadean las luces del cartel que anuncia el final del mundo. Silenciosos avanzan los coches por la avenida, apenas visibles por la niebla. Y estoy en casa de Hernández. Hay fiesta, veo algunos rostros extraños, gente que gira con una copa en la mano, me restriego los ojos y encuentro en un rincón a Carina, que parece aburrida. Le preguntó sí ha bebido lo suficiente como para olvidarse que es una mujer casada, y ella ríe. Ella siempre ríe. Más allá, Hernández  bromea con unas rubias, les acaricia el pelo, les murmura obscenidades al oído. Las chicas parecen disfrutar esa cercanía. Saben que es fugaz.  Hernández está hecho de instantes. Carina lo sabe también, y se arrepiente de no haberlo aprovechado. Todo había empezado como un juego, un juego de dos adultos dispuestos a pisotear cualquier infancia, y ahí podías verloS en la entrada de la biblioteca, pisándose los pies, fumando interminables cigarrillos, y si te acercabas, comprendías que era Hernández quien manejaba la situación, quien se encargaba de desactivar las bombas cuando la explosión era inminente.  Y no hubo guerra. Apenas una escaramuza. Carina quería guerra. Hernández tantear al enemigo, explorar hasta donde está dispuesto a dejarse llevar. Demasiado tarde Carina comprendió que ella era un enemigo de cabello oscuro, piel blanda, que no tardaría en ser neutralizado por esa fuerza radioactiva llamada Hernández. Pero la fiesta sigue. Hernández  invita a todos al jardín, les agradece que hayan venido, presenta una de las sorpresa de la noche, una banda de mariachis que empiezan a tocar un corrido, mientras empiezan a estallar de manera imprevista los fuegos artificiales.

APLAZOS: Carina estaba sumida en sus fantasías, evocando el sueño  de la noche anterior. ¡Un sueño alucinante!  Aldana le había contaba  unos días antes, cuando la acompañaba al baño, que tuvo unos “sueños cochinos”.  Me ofrecía como una puta  a un hombre que llevaba dinero en sus manos, le había dicho al borde de las lágrimas. Carina tuvo ganas de decirle, que si ese hombre llevaba dólares ella estaría dispuesta a hacer cualquier cosa, pero sólo se limito a asentir con la cabeza. Mientras Hernández le mostraba los diferentes rincones de la casa, ella trató de recordar el sueño, pero este se había bifurcado en una serie de fantasías, que si alguien se las proponía estaba dispuesta a cumplirlas ahora mismo. Hernández le preguntó si quería servirse algo, ella pareció no escucharlo, y así avanzaron por un angosto pasillo que llevaba a una sala amplia donde había una biblioteca.  El hombre se acarició el pelo, tomo un libro de Horacio, leyó un fragmento y la observó a los ojos. Ella habría deseado estrecharlo entre sus brazos, besarlo. De pronto, creyó ver algo entre las patas de los muebles. Algo que se movía con rapidez. Con disimulo echó una nueva mirada, y no había nada. Estoy un poco cansada, me has hecho caminar por toda la casa, y es tan grande como un… dijo y se sentó en uno de los sillones. Hernández no pareció oírla, y sin dejar de leer el libro, se acercó a donde estaba ella y se sentó a su lado. Carina pudo sentir su cuerpo ansioso, y en ese momento deseó que la tomara, que en un repentino ataque de furia la desnudara, pero él solo atino a decir que deberían volver a la ciudad antes que empezara a llover, porque debía solucionar otro asunto. Otro asunto, repitió ella, y sintió que todo esto para él había sido un asunto, una cuestión más, como llegar a un acuerdo con algún inversionista. Y fue como estrellarse con un muro a punto de ser demolido, comprobar que nada había cambiado, que Hernández aun tenía el poder, que él siempre sería el encargado de delimitar la zona. Entonces le dijo con brusquedad que la llevara a casa. Mi marido debe estar preocupado, murmuró mirándose en el amplio espejo. Salieron en silencio hacia donde estaba estacionado el coche y ella supo que pronto se desataría una tormenta de inmensas magnitudes, y la encontraría sin resguardo, incapaz de decidirse en ir en búsqueda de un refugio. 

Luciana Garamondi nació en Concarán ,San Luis, en 1990. Estudia Hotelería. A fines de 2012 aparecerá su libro de relatos Desparecer en Benares.

viernes, 22 de junio de 2012

TAREAS DOMESTICAS

Por Rodrigo Heredia

Tareas domésticas

el ojo que recorta figuritas
mientras se enfría el té
cuando se rifa el huevo
se pone en venta el óvulo
y se rasgan unos pechos fríos
con unas manos de hojalata.
serruchos que crepitan
en la cima de la colina
a la hora en que las lavanderas
vuelcan en estado de ebriedad,
y flamean los sujetadores,
y en el tendido se cuelgan palabras
para que las acaricie el viento.
el ojo que traza círculos
en torno al rostro, elude la línea de flechas
y mastica el papel con unos dientes
que rechinan oscuramente.


Lo que se piensa frente a una postal desteñida

lo piensa cuando ha terminado
de cortar el pasto,
lo dibuja en la tierra mojada,
y luego lo borra
con la palma de la mano,
lo hace cuando el cielo se ha hundido
y unos hombrecitos sin cabeza ponen ramitas
en el camino de las hormigas
para hacer más arduo el regreso al hormiguero,
pero el calor no calma,
y es en vano regar el patio,
arrojar el agua con un lavatorio,
abrir los grifos y hundir los pies en el barro,
-el verano continuará ahí-
y habrá moscas, habrá diarreas,
habrá partos, habrá pestes
y lo que pensó tras cortar el pasto
se habrá diluido/ en el ardor de la tarde
en el zumbido de los moscardones azulados.





lunes, 11 de junio de 2012

AMANECER TARDÍO


Di lo que quieras pero surge,

Antes del amanecer tardío

Di con voz lenta y calma

Lo que murmuran tus ojos,

Lo que tiemblan tus manos,

Lo que piensa tu piel,

Ya sabes que impaciento

Hasta el cansancio,

Hasta ese mismo crack de huesos,

Habla que llueve, que se termina el cielo,

Que las hojas del otoño

Se arrastran de hielo y espera.

Háblame y sacude las montañas,

Con tus marchitas palabras,

Palabras pequeñas y heridas,

Que caminan como gotas secas

y se fuman.



Se esfuman ya…


Paola Suárez "Desde el principio"

miércoles, 30 de mayo de 2012

FLASHBACK

Por Gonzalo Riera

TWILIGHT

1. Dejo los pies en la entrada del comedor, resbalo por una cascara de plátano y aparezco en tu cama. Llego a tu lado, con un rostro parecido al de un explorador que ha recorrido un vasto territorio, y busca un sitio donde acomodar su cuerpo carcomido por las fieras. Esto mientras tanto. Mientras se pelan las habas y se ponen a hervir los choclos. Sin pensar demasiado  que en algún punto, todavía es verano, y una chica toma sol, mientras a su alrededor chapotea una docena de faunos, provistos de miembros descomunales. En sitios así lo constante es la intemperie. Hay puntos donde la noche se alarga más allá de lo normal, y hay tres niñas esperando un colectivo que no va a llegar nunca. Una de ella les advierte a las otras que se les hará irremediablemente tarde para cambiar de vestido, que mejor sería quedarse aquí fumando, convencidas que se ha llegado a un punto, donde es preciso mirar atrás y comprobar si aún llevamos encima todo el equipaje.

2. Aldana intenta atrapar una aceituna en el fondo de la copa y Tatiana llama a Gustavo, que detrás de la cerca en cueros trata de hacer una lectura veloz de la situación, como si pudiera descifrar ese cuerpo diminuto, capaz de disparar, en el momento menos pensado, munición gruesa. Él piensa que ella le rehúye al placer, sobre todo en las horas punta, esos tiempos-punctum donde el orificio puede ocultar unos colmillos punzantes.
Y aquí estamos con Gustavo que con un salto ha atravesado la cerca y tras saludar a los presentes se prepara para tirarse un clavado, mientras la intemperie asoma su cabeza, y a esta distancia si se contemplara con atención veríamos que el panorama se presente peor de lo que anticipaban los expertos. Y si hacemos una predicción basada en los antecedentes recolectados las esperanzas son casi nulas, por lo tanto vamos a dejar que él o ella continúen divirtiéndose, chapoteando como si fueran niños despreocupados por el porvenir, incapaces de advertir lo que se avecina, aunque algunos sostengan que ellos lo saben incluso antes que nosotros, sólo que evitan enfrentarse a lo trágico y sus voluntades, estirar el esplendor juvenil y hormonal hasta más no poder, cerrar los ojos ante eso que está ahí, dispuesto a asestar el golpe de gracia.
3. Él observa a través del ventanal a las chicas y piensa que Tatiana no sobrevivirá a la intemperie. Será la primera que terminará devorada por el afuera. Nunca tuvo tacto para manejar las cosas, y lo primero que se le ocurría, cuando se encontraba en medio de un torbellino era buscar la salida de emergencia. Pero, ah, que no se pongan en tela de juicio esas tetas, eso nadie es capaz de negarlo. Por mi parte, no dudaría en apretárselas con una morsa hasta que brote leche sangre. Y si todo se derrumba, Aldana se apartaría de él o ella, y entonces la veríamos correr por esos callejones desolados, correr sin dirección, hasta que caiga muerta de susto en alguna esquina donde los indigentes se apiñan hasta formar un amasijo uniforme. Entonces ella y él, situados en uno de los últimos bastiones, observarían todo sin preocuparse, hasta les provocaría risa ver esa nube de ceniza cayendo sobre sus cabezas, pero es un desatino pensar en todo esto. Lo más acertado es acercarse a la pileta donde las chicas se divierten, lo único que pueden hacer sin ayuda. Acercarse despacio con los oídos en alerta, dispuestos a oírlo todo.

4. No es tiempo de buscar una salida fácil al asunto, ni tampoco de cortar el hilo por la parte más delgada, pronto, más temprano que tarde vendrán las replicas y habrá que sostenerse con uñas y dientes, o como por arte de magia evaporarse y aparecer en otro relato donde hay tres chicas tomando café. Entonces una de ellas dice que esta triste, que está buscando una salida, pero no encuentra más que dolor. La muchacha que está a su lado parece que va a decir algo, pero calla cuando se da cuenta que al local han entrado dos sujetos extraños, enfundados en unos largos abrigos marrones. Ellas pese a su juventud, saben que todo se debe hacer con mucha precaución. Cualquier error y están perdidas. Midamos cada uno de los movimientos, advierte una de ellas y enciende un cigarrillo. Después de lo que han hecho, es necesario que desconfíen de todo el mundo. Saben que se han metido con la persona equivocada, y que pedir perdón a estas alturas es una estupidez. A medida que avancen los sucesos todas las vías  de escape se irán cerrando y las tres chicas flotarán en la intemperie.
Gonzalo Riera: Nació en Naschel en 1990. Actulamente trabaja como peón en una estancia de Algarrobo del Águila, en La Pampa.
Fotografía: Diane Arbus








jueves, 17 de mayo de 2012

EL RESTO ES LITERATURA

Por Matías Lucero
2. Bien, la pregunta es en qué estabas pensando cuando dijiste el "NO"... la verdad que los "no" siempre me parecen las realidades alternativas de las que habla la física... no sé porque creo que pudimos asesinar toda posibilidad, fue la posibilidad de un cuerpo, de un puñado de suspiros que olvidamos el lugar donde los habíamos dejado. Me preguntás que sucedió, te digo que no tengo idea, que las mentiras me suenan a cuentos mal contados, esos a los que le llaman realismo. Yo en realidad me quedo con la búsqueda de la ropa por la mañana, de creer que perdí todo, que ya no hay vuelta atrás, es una estúpida forma de sentirme distinto, qué sé yo, otra vez, qué sé yo, tengo un par de cartas de amor que siempre guardo, ninguna nunca fue escrita para mí, porque yo soy el perro bastardo, soy el que se quedó mirando cuando repartían las personas del "para siempre". Pero el resto es sólo literatura, mientras tanto prefiero imaginarte tirada en la cama, pensando en qué disco comprar, yo y las alondras siguen siendo pájaros decapitados, y eso me gusta sólo para entender que puedo terminar con algún ser alado...
3. Es un asesinato, mi amor... La realidad es una quemadura de primer grado, a mí me intervinieron quirúrgicamente la noche que me pasaron el primer libro, me acuerdo que era  El retrato de Dorian Gray, entendí nena, no te puedo explicar, fue como una explosión, un aleph. Ahora apareces vos (ahora es siempre ahora, los después y los antes son invenciones erróneas). La pasión adquiere formas extrañas, y tenía lunares esa noche, aunque la memoria sea la más frágil de todas las chicas esta noche... porque las noches se me antojan persuasivas, me muestran su oscuridad y me asusta tanto como una seducción, cualquier seducción. Vos tenías cara, tenías cuerpo, tenías voz, tenías piel. Ni siquiera existe "el otro día", disfuncionales días después, todos corren, el sol, la cumbia, y ahí, escondidos en las esquinas están los que ya no recuerdan, los que desechan la realidad, los que no pensamos más en cosas simples, los que no nos cansamos de hablar... y ahora dejo de escribir porque el resto es literatura.

Serie "Caminos"
J.J.Reynoso






domingo, 13 de mayo de 2012

LA PERTURBACIÓN DE LOS SIMIOS O ADVERTENCIAS A LA HORA DEL SPUTNIK


Por  Marcos Freites
.... y busco algo que me empuje hacia el final del poema
que venga con la fuerza necesaria para llevarme hasta
                                                                                           la última línea
y la lluvia arrecia con tal violencia
que me obliga a echarme a correr
                                                 hasta el galpón
                                                        donde los adultos duermen
                                                                                          fuman
                                                                                               fornican
                                                                                 o escuchan  llover
                                                                                        sin abrir los ojos
                                                                             convencidos que mañana
                                                                                                   que mañana
a la hora en que suene el despertador
                                      habrá como siempre sol
                             y arrodillado ante la imagen-esfinge
                 de una chica que se cubre los pechos con su cabello
                                                  rezo
                          sin saber muy bien cómo se debe hacer
                                                y pido
                                   que el poema termine
antes que la lluvia lo disuelva todo y no queden en pie
más que las ruinas de este galpón
donde afirman que la vida con toda la valentía se gestó
                                                                       y eso fue hace tanto
en los tiempos donde tras las pantallas no había más que lluvia gris
y muy pocas veces se veía una especie de arco iris
y alguien sumaba noches, restaba días y multiplicaba comidas
y se reía del que escribía cosas que  de verás existen
convencido que no hay mayor invención
  que eso que en un exceso de confianza llamamos realidad
y aquí es donde lo que en un momento, sobre todo antes de la lluvia,
parecía simple, y fácil de terminar, se empieza a tornar complejo
eso  es lo que uno advierte situado en la parte superior de la obra
  incapaz de saber cómo será la visión de quienes
armados con catalejos observan desde la parte inferior (¡Pobres!)
y el lector avezado, valiente, que batalló con los peores poetastros
se preguntará acerca de la dificultad,
así como también sobre la finalidad de este encolumnado de palabras
y es entonces que le respondemos que falta poco para que todo termine
para que todo vuele por los aires si ayudan los efectos especiales(Fx)
y con mucho esfuerzo quito la vara
que a esta altura me parece mágica
y me siento incapaz de arrojarla contra los escombros
y me retiro sosteniéndola amenazante contra todos los presentes
en el momento exacto en que se empiezan a llenar de puntos (de putos)
                                                                                     los espacios en blanco
            y la noche entera es una sola, 
                                                                una nada lluviosa
que se extiende sobre la superficie (de la hoja)
                                                       cuidadosamente recortada


domingo, 6 de mayo de 2012

DISTINTAS FORMAS DE RECIBIR UN GRITO

        Por Diana Marzotti

Ahora leo los cuadernos negros de R., el amigo que vislumbró la muerte antes que todos nosotros, que se acostó con ella, mientras la nieve caía y el viento ululaba entre los pinos que con paciencia había dibujado. Escribía por arrebatos, metido en su cama durante la noche. Sabía que al final, ella lo estaría esperando y sería implacable.  
Antes hubo acontecimientos, algunos ya mencionados, otros apenas sugeridos como el de la muchacha desaparecida. 
Todo acontecía, sin que nadie tuviera el control, era como si de pronto los hilos que sujetaban las cosas se hubiesen cortado, o como si una fuerza invisible y demoníaca tomara posesión de todo lo que nos rodeaba.
R, era el  ángel exterminador que atormentado vagaba por el campo abierto a la perdición, minado de desgracia, mientras escribía y escribía en el cuerpo de la chica  muerta . 
*** 
Salimos por la mañana queriendo olvidar todas las flores y floreros y jardines, con la cara sin lavar hacia la calle dónde no había nadie, salimos creyendo escapar de una casa que se derrumbaba cada mañana, que se encogía cada vez que despertábamos. Algo ya nos empezaba a pesar. Siempre suele ser así. 

***

Puede que con unas cuantas piedras empiece la próxima guerra y dos o tres persistan en la obstinada idea de que la mejor manera de hacerse fuerte es a través de la paz, y hagan sentadas en medio de los escombros, y con resignación reciban los balazos; pero en medio de los desmanes, cuando todo esto se vaya consumiendo en unos cuantos reventones, yo les advierto, sin ánimo de desanimarlos, formaré parte de los desertores, de los que se encargan al final de la guerra de echarle un poco de tierra a los muertos.
*** 
Supe de relámpagos mientras esperaba la merienda. Sin pensar en los hombres que van a tomar posesión. Lentamente he logrado deshilachar toda la sábana  y con los pies he seguido el ritmo de las máquinas que durante toda la tarde han estado demoliendo escombros, buscando cuerpos después del terremoto. Desde el fondo la mucama trajo la bandeja reluciente, sirvió pan y uvas frescas, mientras por la radio declaraban el estado de sitio y yo no dejaba de pensar en tormentas.
Diana Marzzotti. Nació en Villa Mercedes, San Luis en 1992. Actualmente  reside en Cañada de Gómez, Santa Fe. Tiene en preparación un libro de poemas titulado "Apuntes ligeros". 
Fotografía: J.J.Reynoso.