martes, 29 de septiembre de 2009

TE LLAMARÍA

             Por  Ivana Fucks          



     Después de todo no dudaría un segundo y te llamaría. Te diría: “Una araña me picó ahí dame socorro, ayúdame idiota después de todo eres mi pareja.”
         Te llamaría. Te llamé y dije: “No se que me pasó, siento de pronto que voy a morir “
   Fue entonces que tomaste la palabra la acariciaste y me dijiste: “Somos almas en pugna, creemos en lo etéreo sabemos que hay algo más allá, no desesperes, algo se te revelará.” “La experiencia no es un viaje novedoso”
      Murmuré entre dientes y escupí sangre. “Fija la vista en el punto elegido hasta que los párpados experimenten cansancio “   Dijiste y la llamada se cortó.
        Llegaron los albañiles, esta vez eran más de tres. Tomamos unos tragos, bailamos cumbia y nos fuimos todos a la cama. Luego me bañé y no sé por qué pensé tres cosas, frases, bah, esas tonterías – fruslerías dirías tú- que uno recuerdo casi al pasar:
    1) “Antes del amor pasaron muchas cosas la mayoría de ellas deplorables.”
          2) “Nunca fuiste demasiado bueno en la cama, en la punta de mis dedos tuve que encontrar a mi dios “
                3)“Soy mi propia maleta donde se agolpan: Infidelidades –varias- Una araña, un vibrador, Una brújula y unas cuantas mentiras.”

    Te llamaría pero me has llamado para decir: “Lo único válido es recrear el acontecimiento tal y como se produjo en su momento visualizándolo en nuestra pantalla mental “ “Carmen si te pico una avispa debes decírmelo” Dijiste y entonces los albañiles volvieron. Somos una pareja aún. Aunque tú estés ciegos y no quieras ver como todo se desmorona. Ahora lloro porque no me quieres como antes. No es amor es capricho, es calentura. Me arde todo ahí y me da vergüenza llamarte. Afuera llueve.

domingo, 27 de septiembre de 2009

ANDAMIOS



Photography by Darío Arístides Molina

sábado, 26 de septiembre de 2009

LA CASA EXTRAVIADA


Por Alberto Ferrer

Durante todos estos años había buscado hasta el cansancio aquella casa de mi infancia, ese hogar cálido y apacible coronado de crisálidas y luciérnagas, que ahora en algún lugar solo y sin memoria espera mi llegar. 
Aquella tarde que abandoné mí torre de marfil sepulté todos mis juguetes bajo el árbol antes de la caída del sol. Carola, mi hermana, arrancó con violencia todas las flores del jardín, vistió de luto a sus muñecas y tomados de la mano abandonamos aquel nido convencidos de que toda nuestra niñez se convertía de pronto en astillas, en retazos de una sonrisa vertical partida por la mitad. 
La casa actual resiste como puede las puñaladas del tiempo y la habito durante el tiempo, siempre breve, de mis visitas al pueblo. Hay algo que me impide echar abajo aquellas viejas paredes de adobe  y dejar que la naturaleza tome el espacio que ahora ocupaban esas cuatro paredes a punto de desmoronarse. Mi estancia en aquellas habitaciones transmite calor al espíritu derrotado de la casa y tal vez con mi lectura solitaria en voz alta, a medianoche despierto algún fantasma. Por las noches suelo asomarme al jardín y sentado en una vieja hamaca fumo un cigarrillo y miro al cielo. Saludo a las constelaciones mientras los murciélagos van y vienen, atrapando insectos, entre las copas de los árboles y el tejado de la casona. Sé que la casa se muere, que hace aguas por todos lados, que un día se vendrá abajo y todo habrá terminado, pero algo en su interior me dice que eso no va a suceder así, que no puede ser así, que aquel lugar no desaparecerá porque muchas raíces lo mantienen vivo.

domingo, 20 de septiembre de 2009

INSTANTÁNEAS


RODRIGO HEREDIA  ESCRIBE ACERCA DE ESAS COSAS QUE SUCEDEN EN EL VÉRTIGO COTIDIANO, SOBRE AQUELLO QUE BUSCAMOS ATRAPAR CON PALABRAS EN UNA HOJA EN BLANCO QUE FUNCIONA COMO RED

         Mírame, por un instante, deja que tus ojos me descubran. Soy muy feo, lo suficientemente feo, para que me empieces a querer. El amor solo sabe de belleza, y eso lo hace fatal. Las máquinas siguen redactando informes acerca de la última explosión. Dios aún no termina de aparecer. Me puedes ver, solo te hace falta hacer, click. El de la izquierda soy yo. Estoy fuera de foco. Esos ojos, si que dan un poco de miedo.
        Tú hermana mayor envidia nuestro álbum de fotografías. Memorias de la infancia. La casa natal de derrumbó a fines del año pasado. Su perro era adorable, maltrataba a tu gato. Recuerdo del último cumpleaños. La rosa hirió de muerte a tu prima, que es virgen y lo seguirá siendo por muchos años más. Si es que tú tío no la encuentra sola. Le haría bien conocer el cariño de un hombre maduro a esa chiquilla. Papá cobró unas monedas y las arrojo a la fuente. Entonces vino a mi memoria el lunes. Tratá de tomar mi mano así lo recuerdo mejor.
        El taxi me dejó a unas cuadras de esa casa que no reconocí. Habían cambiado el color del portón, antes era verde, ahora es azul. Abrí la puerta, subí las escaleras, las barandas estaban cubiertas con un paño rojo. En la sala de recepción tras una computadora ví a una chica. El rojo de su pelo resplandecía, me invitó a sentarme y esperar, mientras tú te cambiabas, te vestías de fulana, mejor dicho. Pensé que encontraría un conejo negro en tu cama. El Alplax no es buen compañero. La locura es una compañera fiel. Detente, dijiste. Seguí, seguí, dije yo. Aún queda tiempo no te apresures te escuche decir. Estabas cubierta de transpiración. Voy a flotar, un segundo, no más. Tú boca es adorable se parece a un cáliz. No creo que ninguno te haya estimulado como lo hice yo. Así estimulo a mi novia. Ella sí que sabe disfrutar. Su lengua voraz sabe danzar sobre las llamas.
    Los dos vimos caer la nave frente a tu ventana. Luego vino el jadeo, el grito desgarrador que puso fin a todo este show. Eres tan feo, me susurraste al oído. Sos tan fea como yo, tenés cáncer. Soy un príncipe negro, sería mejor que estuviéramos muertos, dudo que alguien nos reconociera, ni siquiera culpa sentimos. Sos el diablo, yo soy el diablo, todos nos llamamos diablos, te puedo lastimar. No permitas que recuerde. Solo déjame ser libre, y que solo la lluvia sepa de este fuego.


Rodrigo Heredia
Fotografía: Akif Hakam

IGNORABA TODO ESTE ESPLENDOR

No. No sabía. Les aseguro que ignoraba todo este esplendor. Estaba aquí, flotando en el viento, frente a mis ojos todo el tiempo, pero no podía ver todo este esplendor.
Como contarles que tuve un sueño, que soñé con ella. Como no sonrojarme si les cuento que tuve un sueño de amor, todo un  sueño  de amor en el que estábamos desnudos sin ninguna esperanza de morir aún.
Ella estaba a mi lado, parecía que dormía, un racimo de estrellas brillaba sobre nosotros, yo le acariciaba sus manos y le contaba de muchachas chinas que desnudas en un arrozal tararean canciones de cuna iluminadas por la luna, y todo era tan bello, como esa tarde en que se hizo la muerte bajo la lluvia.
Había llegado muy tarde, hablando otra lengua, la belleza sobre su cuerpo palpitaba, sus grandes ojos se abrían al temporal, y era una flor, era un guijarro, era el atardecer del seis de febrero con los tilos inundados de luz, eras vos desnuda sobre la hierba con los pechos humedecidos por la lluvia, y era tu voz casi a oscuras repitiendo mi nombre como si se tratara de un conjuro.
Como ponerme de pie y confesarles que tuve un hermoso sueño de amor. Ella estaba acostada en el agua, era la única sobreviviente del diluvio, tenía entre sus brazos un gato agigantado por el deseo.
Yo me acercaba y era como si toda una vida su cuerpo me hubiese reclamado, y en el descuido de la noche aprisionaba sus blandos muslos, y era como si de tanto explorar en lo perdido nos encontráramos con toda la belleza de frente.
Todo estaba ahí, cuanto deseaba, era un relámpago de hojas hirvientes, un caballo  oscuro atravesando la arena de la tarde, esta orquídea que persigue una mariposa, aquella puerta que se abre sin ruido para dejar entrar las últimas sombras, esa luz que me quema por dentro.

BOLETOS PARA EL FIN DEL MUNDO



Compré boletos para ver el fin de la humanidad.
No debe estar muy lejos, me dijo el vendedor.
Lo que ponga fin a esta farsa, será sin dudas, el amor.
Vendrá como una gran epidemia, su santidad
será el primero en arder. Será delicioso
ver el show final, hasta lo televisarán,
habrá auspiciantes, chicas y chicos hermosos,
que bailarán al ritmo del caos.Morirán
sin jugar las cartas, acabarán solamente
con una felicidad que no se puede explicar.
Por las calles al fin, ya lo presiente, la gente.
Todo será de repente, y vos y yo, a jugar
nos dedicaremos, mientras todo empieza a estallar.
Estarás, mi amor, desnudo frente al televisor
mirando como se asesinan por amor.
Sabes, compré boletos para ver el final.
Te invitaré a verlo en vivo y en directo,
juran que va a ser un evento sensacional,
ya lo están ensayando, para que sea un evento perfecto,
y devastador, estarán los líderes del poder mundial,
dicen, que de ninguna forma se puede evitar,
solo quiero que vos y yo, seamos los últimos en apagar
esa luz que sin piedad nos va a matar.


Ivana Fucks


UNA CARTA MIENTRAS TANTO

CECILIA RIZZO ESCRIBE UNA CARTA A QUIENES LA GUIARON POR LOS DISTINTOS SENDEROS QUE NOS OFRECE LA VIDA. ES UNA MISIVA INCONCLUSA, ABIERTA A LAS BUENAS NUEVAS QUE TRAEN LOS VIENTOS.

                   Lo importante es el movimiento, no dormirse en las sábanas que nos envuelven con su sopor de conformismo. Mostrar el rostro, poner el pecho y darle batalla al hastío, a la desidia, y con ojos renovados apreciar lo que nos rodea. Comprender que el enemigo no es el otro, sino uno mismo. La lucha es íntima, es propia y vislumbra el placer de no existir. No detenerse, seguir adelante, jugarse siempre por un qué, y no por un absurdo por qué, solo así podremos descubrir esa fibra que nos atraviesa , nos distingue y permite que diariamente nos adentremos en el vaho del ensueño.
      Se puede llegar a destino, y no caducar bajo las exigencias diarias, no vender intercambiar tus valores por lo que te imponen como reales. No bajar la cabeza, empujar y vivir, porque el único freno es la quietud, principio de todo mal. Estas no son mis palabras, son sus palabras, las que me enseñaron desde la cuna, las que me forjaron, y me hicieron lo que soy. Ellos me heredaron este pequeño tesoro que no tiene comparación. Es una luz, un rayo, un cielo de primavera, unos ojos que surgen de la nada para ver todo. No sé como termina esta carta, porque la vida es continuo movimiento y esto aún no llega a su fin.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

SIN ESPERANZA NI MIEDO



RODRIGO HEREDIA REFLEXIONA ACERCA DE LA NOSTALGIA Y LAS CAUSAS PERDIDAS JUSTO CUANDO LA VIDA DA LA VOLTERETA FINAL

          Estabas ayer aquí, y era verano, el agua del estanque, ondulante, despedía olor a rosas descompuestas, los caballos bajaban al galope a beber, y las langostas bajo el sol cantaban. 
    ¿Sabes dónde es aquí? Es cualquier parte del paisaje habitual en que desnudo mi soledad, es un campo minado al atardecer, una luna redonda que persigue al arroyo a través de los montes, es este continuo devenir...
Algo que cae incesantemente dentro de mi cabeza.
Estabas ayer aquí, iba escribiendo... Hoy todo está de invierno y el paisaje ha cambiado.
 El viajero se atreve a mirar el camino que quedó atrás, su sombra perdida para siempre, y siente como un extraño adiós perdiéndose en el eco de sus zapatos... y llora.
A la distancia de un aleteo, de un alarido, casi al roce posible de mi mano, tu fantasma se deshace en la espera de que lo cubra el resplandor de tu cuerpo.
Recuerdo unos ojos que no conozco y evoco lo que nunca he mirado. Ese otro paisaje minado que habrá que visitar antes o después, un lugar dónde estas tú, donde todo es un continuo devenir...
¿Valdrá la pena mirar atrás? ¿Podrá saberse si el cielo llora distancias? ¿O habrá que volver a repetir lo siniestro? ¿Quién acecha nuestros deseos?
Saldremos de la mano y saltaremos al vacío, apretadas las manos, mudos de fuego y de frío.
Hoy más que siempre, el aire del invierno, las cosas que permanecen a ciegas, y el deseo, no sé por qué pero en un paisaje minado, entiendo que me esperas ya sin miedo ni esperanza.
Como si te hubieses decidido a comprometerte con tu propia fragilidad.

DESIDIA DE TANGO DE DOMINGO POR LA TARDE

Me aprovecho de ella robándole momentos y dibujándolos en papel, mientras va dibujando pasión a la sombra de un bandoneón.  

           La fiebre negra de domingo a la noche, tocaba todo con un fresco aire primaveral. La luz en la habitación era tenue, las cortinas rojas teñían todo de un color de atardecer. Su cuerpo tallado por el vestido color negro, su pelo atado a lo alto con un rodete, casi arremolinado. La primer nota llenó todo el lugar, se quejó el parlante. Ella dejó caer su mirada, no veía el piso, sus ojos desentrañaban algo más allá, algo que deja atrás todas las palabras inventadas; su pierna se vio desnuda asomando por el tajo del largo vestido y dibujo un círculo oscuro en el suelo. La música iba cortando el aire con violentas notas de bandoneón. Ella fuera del ahora, bruscamente dejó el frente con su cara, y su pie siguió la dirección anunciada. Y así, en un tiempo que no se contó, en una página que Dios no escribió, ella fue haciendo suyo el aire, dejando atrás el presente, pasado o futuro, dejando denotaciones. El tango chorreaba sangre y ella la juntaba entre sus piernas, sola iba tapando el agujero de la pasión. Girando sobre ella misma, sin ángulo exacto, con precisión de cirujano, con pulso que no tiembla, su aliento se agitaba, la excitación la alcanzaba, sola con el tango. Él estaba ahí, tras ella, sentado con un rubio entre sus dedos. Se paró y la tomo por la espalda, talló sus curvas con sus manos, posó sus ojos en su nuca, y ella abriendo sus brazos, se estiro hacia atrás apoyándose en su hombro, y así, el amor pasional los alcanzó en forma de tango, no había gemidos, sino bruscos movimientos y miradas de posesión, de celos efervescentes… Ambos ya habían desnudado toda nota y silencios, habían saciado su sed de posesión. Y así, una chica sola tirada en el suelo, dejaba que se murieran las notas de un perdido tango.
Patchu Lucero. Rio Cuarto, Cordoba

martes, 15 de septiembre de 2009

LA NOCHE





Aprender el nombre de la noche,
es cobijarse entre los lienzos
de su aurora.

La noche… lugar y silencio.
Vertebral columna de las horas,
de los tiempos.


Oscura y nadir.
Infinita y sideral.
Translúcida y tibia.

Anoche conocí su esencia…
Como también, el hechizo
de sus sueños.




Darío Arístides Molina - “Píndaro”
San Luis, San Luis, Argentina.-