La comisura de sus labios fueron mi locura. Los miraba y eran perfectamente dibujados. El contorno mismo de los besos que nunca me dio.
Comenzaban en el oriente de su mejilla derecha, encontrar una estrella que guíe por el pecado de la manzana, hasta el centro mismo, debajo de su naríz, donde la piel se unde para descender hacia la otra punta de su boca. Los gemidos que nunca escuché, salen de sus labios.
El Edén de los besos caídos, un suspiro colgado de las estrellas desnudas, la piel y el límite del rojo de sus labios.
Una flecha al aire para matar la locura, un rio llorando su regreso; dos pasos, tres lágrimas, cinco miradas, tus palabras que llaman al páramo, la lejanía de tus caricias, el imposible de mil mentiras llenas de verdad.
Patchu Lucero

