CARAMELOS DERRETIDOS Y OTROS POEMAS
MAURO CUELLO
CARAMELOS DERRETIDOS
Transgresiones vespertinas
Marcan el caudal de un río,
Con desembocadura
En la amarga experiencia que nos unen.
Lo paterno se desintegra
En un rito de caramelos derretidos,
Por los calores de tus desgracias.
Lo ves.
Y el silencio te arrebata
Al cerrar la puerta.
Comenzó la fiesta.
Silencio.
Escuchas el silencio,
Aferrado a un inocente álbum de figuritas,
Esperando.
Trozos de espejos
Se vienen a la memoria,
De aquello que es
El múltiple reflejo.
No resisten mirarse.
Ríen rompiendo sus huesos,
Con cálidas melodías interpretadas
En las causalidades de existencias mediocres.
Nos miramos,
Y surge la pregunta.
¿El poeta dónde está?
Sabes la respuesta
Pero no se lo digas a nadie.
Y en la raíz primigenia,
Donde lo invisible
Se vuelve delgadamente inexplicable
Para el ojo,
Lo ves sentado.
Asesinado por el prejuicio de las palabras.
Que no encuentran sus significados,
sus vocaciones…
AGONÍA
Detrás de la ventana,
La vida me arroja pequeñas piedras.
No La escucho y lloro.
Al pasar los años la sensibilidad del vidrio se hace presente,
Me interpela, pregunta,
Grita.
El eco de sus palabras cansadas me retumba en la cabeza.
El sol ya no es el mismo, el también se cansó.
¿Cómo lo sé?
Sus rayos ya no son iguales,
Yo tampoco.
Y mientras el mugriento aire del afuera contamina
Lo que puedo ver.
Me sofoco en una habitación que se impregna de la nada,
Esperando el momento de salir.
Por la ventana.
LA ROÑA
Mal gastada la roña que lubrica las mezquindades.
Criticas sin sentido.
La piedra choca con otra piedra, otras diferente a ella.
Rozan desesperadamente oyendo sus gritos, los gritos.
Poco a poco la roña fluye, las baña, las sofoca.
Sin poder respirar se detienen un instante.
Concentran.
Concentran……
Un segundo de magnitudes astronómicas se hace presente.
Explosión de amarga vivencia la derrite.
Se ha perdido la piedra,
Las piedras.
Nunca lograron transformarse.
La roña,
Esa de todos los días,
Con fina perseverancia
Forja en la misma entraña de la piedra,
El triste destino de ser solo una piedra.
La decisión nunca le dijo al segundo.
Detente.
Hoy soy piedra que se sabe diamante.
Y me lo creí.
Criticas sin sentido.
La piedra choca con otra piedra, otras diferente a ella.
Rozan desesperadamente oyendo sus gritos, los gritos.
Poco a poco la roña fluye, las baña, las sofoca.
Sin poder respirar se detienen un instante.
Concentran.
Concentran……
Un segundo de magnitudes astronómicas se hace presente.
Explosión de amarga vivencia la derrite.
Se ha perdido la piedra,
Las piedras.
Nunca lograron transformarse.
La roña,
Esa de todos los días,
Con fina perseverancia
Forja en la misma entraña de la piedra,
El triste destino de ser solo una piedra.
La decisión nunca le dijo al segundo.
Detente.
Hoy soy piedra que se sabe diamante.
Y me lo creí.
Mauro Cuello
Naturaleza muerta -1973-Roy Lichtenstein
